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El día que conocí y le serví champagne a La Reina en Inglaterra

No. La Reina no estaba allí.

Pero dos integrantes de Queen sí.

Y yo estaba trabajando como camarero.

Era el verano de 2004 y yo llevaba ya un tiempo viviendo en Inglaterra.

Mi vida, por entonces, parecía extraordinaria, estaba fascinado por viajar y conocer culturas.

Estaba aprendiendo inglés, buscando oportunidades, practicando en un hotel y trabajando en hostelería, tratando de entender cómo funcionaba esa nueva vida lejos de la familia y de Argentina.

Y eso era, precisamente, lo interesante de vivir en otro país.

Nunca sabías qué podía pasar.

Aquel día, por ejemplo, empezó con una llamada para hacer un trabajo de catering, algo que en principio, ya habíamos hecho antes.

Y terminó con dos estrellas de rock delante de mí, mientras yo intentaba asegurarme de que no les faltara nada.

Incluso el champagne.

Brian May y Roger Taylor
Brian May y Roger Taylor

Todo empezó con un trabajo de catering

La empresa necesitaba gente para trabajar en una boda de unas 200 personas.

Nos preguntaron si conocíamos a alguien más que quisiera trabajar.

Yo estaba con Oscar, mi amigo chileno, con quien ya había compartido unas cuantas historias en Inglaterra.

Y poco después se sumaron unas chicas españolas, Natalia y Bego, que, como nosotros, habían llegado con ganas de trabajar, mejorar su inglés y vivir la experiencia.

Éramos un pequeño equipo internacional. Argentina, Chile, España y un monton de personas más de diferentes nacionalidades.

Todos intentando ganarnos unas libras y, de paso, sobrevivir al inglés.

The New Forest - Imagen de Visit Bournemouth
The New Forest – Imagen de Visit Bournemouth

La boda sería en The New Forest, una enorme extensión de bosques, brezales, praderas y paisajes abiertos en Hampshire, en el sur de Inglaterra, cerca de lugares como Ringwood, Southampton y Bournemouth. En aquel momento todavía no era un National Park. Esa categoría llegaría un año después, en 2005. (New Forest National Park)

Nos dijeron poco más.

Una boda.

Unas 200 personas.

Trabajo de catering.

Aceptamos.

Lo que no sabíamos era que aquella no iba a ser una boda cualquiera.

Somerley House – Imagen de Robin Goodlad

Somerley House

El lugar preciso para la celebración sería Somerley House, una espectacular casa de campo inglesa situada cerca de Ringwood, en Hampshire, junto al río Avon y en el extremo occidental del New Forest.

La propiedad tiene una historia que se remonta siglos atrás. La actual casa comenzó a construirse a finales del siglo XVIII y hoy forma parte de una enorme finca de unas 7.000 acres, rodeada de parque y bosque. Desde su posición elevada domina las praderas del Avon y ofrece vistas hacia el paisaje del New Forest. (Somerley)

Somerley House – Imagen de Visit Hampshire
Somerley House Hall - Imagen de Robin Goodlad
Somerley House Hall – Imagen de Robin Goodlad

El problema se llamaba Silver Service

Había, sin embargo, un pequeño detalle.

Para hacer el trabajo teníamos que dominar el famoso Silver Service, el tradicional servicio británico de mesa.

Y no era simplemente llevar platos.

Había técnica.

Había protocolo.

Había que saber cómo acercarse a la mesa, cómo servir, cómo utilizar los cubiertos de servicio y, sobre todo, cómo hacerlo todo sin que pareciera que estabas pensando cada movimiento.

Porque el objetivo era que el servicio pareciera fácil.

Aunque no lo fuera.

Wedding Set up – Imagen de Somerley House

Y luego estaban las new potatoes.

Esas pequeñas papas inglesas que, en manos de un camarero con poca experiencia, podían convertirse en auténticos proyectiles.

Un poco de gravy.

Una bandeja pesada.

Una papa que decide escapar.

Y tú tratando de mantener la compostura mientras por dentro solo piensas:

“Que no se me caiga. Que no se me caiga. Que no se me caiga.”

Oscar y yo teníamos algo de experiencia.

Las chicas, bastante menos, al fin y al cabo acababan de llegar a Inglaterra.

Así que intentábamos tranquilizarlas.

Aunque, para ser sincero, nosotros tampoco estábamos completamente tranquilos.

Para nosotros, a pesar de la historia, el desafío y el patrimonio que teníamos por delante, nos ganaban las ganas de aprender y mejorar. Estábamos dispuestos a dar lo mejor!

En realidad el trabajo en estos eventos comienza mucho antes de que llegaran los invitados.

Somerley House - Private Estate & Wedding Venue
Somerley House – Private Estate & Wedding Venue

La boda a diferencia de la foto, se había montado en una enorme carpa o marquee en el patio trasero.

Había que preparar las mesas.

Las sillas.

La cristalería.

Los cubiertos.

Las flores.

La comida.

Cada detalle.

Todo tenía que estar listo antes de que llegaran los invitados.

Y mientras avanzabamos con los preparativos, empezaron a aparecer algunos nombres en la lista de invitados.

El primer nombre que nos hizo levantar la cabeza fue:

Norah Jones.

Nos miramos.

“¿Norah Jones?”

Nos entusiasmamos.

Aunque poco después descubrimos que, aparentemente, se trataba de otra invitada con el mismo nombre.

Primer falso positivo.

Pero aquello ya había conseguido algo importante.

Nos hizo mirar la lista con otros ojos.

Y entonces aparecieron otros nombres.

Nada más y nada menos que, los legendarios integrantes de la icónica banda Queen, Brian May y Roger Taylor.

Brian May y Roger Taylor – Imagen de RadioX UK

Apreció La Reina

Dos integrantes de Queen.

Brian May.

Roger Taylor.

Ahí sí.

Esta vez no había confusión.

Era Queen.

La banda que había llenado estadios.

La banda de Freddie Mercury.

La banda de Bohemian Rhapsody, We Will Rock You y Don’t Stop Me Now.

La banda que, hasta entonces, yo conocía desde otro lugar.

Desde los discos.

Desde la radio.

Desde la televisión.

La banda del escudo que quería tatuarme aquel viaje. Ahora aparecía con dos de sus integrantes en una lista y un evento que yo tenía por delante.

Y había un pequeño detalle.

Habría que atenderlos.

No como fan.

No como turista.

No como alguien que quería una foto con tremenda celebridad.

Como camarero.

Nuestra reacción inicial fue entusiasmo. Pero enseguida comprendimos lo que nos tocaba hacer.

Porque una cosa es ver a Brian May en un escenario.

Otra muy distinta es acercarte a su mesa con una bandeja en la mano mientras intentas recordar exactamente cómo funciona el servicio (y el idioma)

Y empezó la boda

El montaje terminó. Todo estaba listo.

Los invitados comenzaron a llegar.

Algunos en helicóptero.

Otros se quedarían a dormir allí, en aquel espectacular entorno.

Había gospel.

Había una banda de rock en vivo (no podría ser de otra manera se casaba un gran amigo de La Reina).

Había champagne.

Mucho (como podrán imaginar).

Y había algo que hoy puede resultar difícil de imaginar:

no había celulares con cámara.

No había Instagram.

No había Stories.

No había alguien grabando cada cinco segundos.

No existía esa necesidad de sacar el teléfono para demostrar que estabas allí.

Así que todo se quedó grabado en nuestra memoria.

En el recuerdo.

Y en esta historia que pude recontruir para compartir con ustedes..

Mientras todo aquello sucedía a nuestro alrededor, nosotros hacíamos nuestro trabajo.

Una mesa.

Otra.

Otra más.

Servir.

Retirar.

Sonreír.

Mantener la postura.

Recordar las reglas.

No derramar nada.

No dejar caer las papas.

Y actuar como si todo fuera completamente normal.

Aunque no lo era.

Y entonces llegó mi momento de la jornada donde tuve delante a Brian May y a Roger Taylor.

Diego Maisterrena - Champagne with Brian May and Roger Taylor Among the Chandelier Crowd AI
Diego Maisterrena – Champagne with Brian May and Roger Taylor Among the Chandelier Crowd AI

Allí estaba yo.

Un argentino viviendo en Inglaterra.

Aprendiendo el idioma.

Trabajando en lo que podía.

Intentando abrirme camino.

Y sirviéndole champagne al baterista y al quitarrista de Queen.

La situación era tan absurda que probablemente ni siquiera tuve tiempo de procesarla completamente.

Porque cuando estás trabajando, trabajas.

Y eso fue exactamente lo que hice.

El día que le serví champagne a Queen

Diego Maisterrena -Champagne Service at the Queen Banquet - England 2004
Diego Maisterrena – Champagne Service – England 2004 – AI

Lo más divertido es que me tomé mi trabajo muy en serio.

Recuerdo haberle preguntado a Roger Taylor más de una vez:

“Would you like some more wine… dessert, maybe?”

Algo así.

Mi inglés todavía no era perfecto.

Mi trabajo sí tenía que serlo.

Y eso me hacía estar pendiente de todo.

¿Más vino?

¿Más champagne?

¿Postre?

¿Necesita algo?

¿Está todo bien?

No recuerdo haber mantenido una conversación memorable sobre Queen.

Y probablemente sea mejor así.

Porque el detalle que más recuerdo es mucho más sencillo.

Yo estaba allí para servirle.

Y quería hacerlo bien.

Una estrella de rock sigue siendo un cliente

Con los años, esa parte de la historia me ha parecido cada vez más interesante.

Porque cuando estás delante de alguien famoso, es fácil convertirlo mentalmente en algo diferente.

Una persona de otro nivel.

Alguien inaccesible.

Pero cuando estás trabajando, hay otra lógica.

La estrella de rock sigue siendo el cliente.

Y tú sigues siendo el camarero.

Tienes una bandeja en la mano.

Tienes un trabajo que hacer.

Y tienes que hacerlo bien.

Sin importar quién tengas delante.

Creo que esa experiencia me dejó una enseñanza mucho antes de que pudiera ponerla en palabras:

Estar cerca de alguien extraordinario no te hace extraordinario. Hacer bien lo que tienes que hacer, sí dice mucho de ti.

Pero Queen no era realmente la historia

Con el tiempo, esta anécdota se convirtió en una de esas historias que aparecen cuando alguien me pregunta por mi etapa en Inglaterra.

“¿Es verdad que conociste a Queen?”

Sí.

“¿Es verdad que les serviste champagne?”

También.

Y entonces llega la historia.

Pero si todo lo que saco de aquel día es que atendí a Brian May y Roger Taylor, me estaría quedando con la parte menos importante.

Porque Queen fue el momento inesperado.

La verdadera historia había empezado mucho antes.

Había empezado cuando decidí irme a otro país.

Cuando tuve que aprender otro idioma.

Cuando acepté trabajos que probablemente nunca habría imaginado hacer en Argentina.

Cuando empecé a relacionarme con personas de otras culturas.

Cuando hice amigos de diferentes partes del mundo.

Cuando me tocó equivocarme.

Cuando no entendía nada y me sentía fuera de lugar.

Y cuando poco a poco aprendí a moverme en un mundo diferente.

Diego en South West England 2004

Vivir fuera te cambia

Eso es algo que solo entiendes completamente después de haberlo vivido.

Vivir en otro país no es simplemente viajar.

No es conocer lugares bonitos.

No es sacar fotos.

Es aprender nuevas reglas que nadie te explicó.

Nuevos códigos.

Nuevos acentos.

Nuevas formas de trabajar.

Nuevas maneras de relacionarte.

Y, muchas veces, nuevas maneras de mirarte a ti mismo.

Porque cuando sales de tu entorno habitual, también pierdes muchas de las referencias que te definían.

Y tienes que empezar a construir otras.

Eso fue uno de los grandes regalos de Inglaterra para mí.

No solamente aprendí inglés.

Aprendí a moverme en otro mundo.

Más de 20 años después

Y aún puedo recordar detalles muy concretos.

Pero cuando realmente pienso en aquel día, aparece otra imagen.

La de un joven argentino que todavía no sabía exactamente qué iba a hacer con su vida.

No sabía qué oportunidades vendrían después.

No sabía qué personas conocería.

No sabía cuánto iba a cambiar su manera de pensar.

Simplemente estaba allí.

Aprendiendo.

Trabajando.

Probando.

Viviendo.

Y sin saberlo, estaba construyendo una historia que veinte años después todavía seguiría contando.

Porque quizá eso es lo más interesante de viajar, de vivir fuera y de abrirte a otras culturas:

nunca sabes qué historia estás escribiendo mientras la estás viviendo.

Yo pensé que aquel día iba a ser simplemente otro trabajo de catering.

Y terminó siendo el día en que le serví champagne a Queen.

No a la Reina.

A Queen.

¡Que viva la amistad, la superación y la pasión por descubrir nuevos horizontes!

Hasta la próxima,
Diego M.

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