Todo en la vida es arriesgado.
Lo aprendí viviendo una vida bastante poco lineal.
Empecé en el mundo de la hospitalidad y de la educación.
Después llegaron proyectos, liderazgo, innovación, consultoría y emprendimiento.
He trabajado con personas y equipos en distintos contextos y países.
He cambiado de dirección profesional más de una vez.
Y en los últimos años decidí volver a reinventarme alrededor de algo que cada vez tenía más sentido para mí: IA + aprendizaje + comunicación + propósito.
Ninguno de esos cambios vino acompañado de certeza.
Siempre hubo una versión de:“¿Y si esto no funciona?”
Pero también descubrí algo.
No cambiar también es una decisión.
Quedarte en un trabajo que ya no te representa tiene un riesgo.
Seguir haciendo lo mismo porque ya sabes hacer tiene un riesgo.
No emprender por miedo a perder estabilidad tiene un riesgo.
No aprender nuevas herramientas porque todavía no las dominas tiene un riesgo.
Y construir una vida alrededor de expectativas ajenas también.
Todo en la vida es arriesgado. Lo aprendí viviendo una vida bastante poco lineal.
Durante mucho tiempo pensé que tomar riesgos significaba ser valiente.
Hoy lo veo diferente.
Para mí, significa ser consciente de qué riesgo estoy eligiendo y por qué.
No quiero una carrera perfectamente predecible.
Quiero seguir aprendiendo, construyendo proyectos, ayudando a personas y explorando nuevas posibilidades.
Eso también tiene incertidumbre.
Pero es una incertidumbre que elijo.
Porque al final, no podemos eliminar el riesgo.
Solo podemos decidir qué vale la pena arriesgar.
Todo en la vida es arriesgado. Lo aprendí viviendo una vida bastante poco lineal.
Y quizá esa sea una de las preguntas más importantes de una carrera:
¿Qué estás protegiendo hoy que podría estar impidiéndote construir lo que realmente quieres?